Los cuentos de Charles Dickens siempre tienen un enfoque
moral haciendo una crítica social a través de sus personajes avaros y otros por
lo contrario nobles. Pero algunas veces nos plantea unas situaciones polémicas
que dan lugar a la reflexión. En esta ocasión les traigo un pequeño relato de
Dickens intitulado ʺEl armario viejoʺ.
Cuenta la historia de un joven viajero que llega una ciudad y en
su cuarto de hotel se pone a reflexionar sobre cómo podría ganar una fortuna.
Mira su baúl, deseando que este se convierta en una lámpara de genio pero este
solo está llena de su ropa y algunos vestidos de mujer. Al mirar la hora se
apura para dirigirse a la tienda antes que cierre.
Al llegar a la tienda el joven observa al comerciante haciendo
cuentas y hablando solo. De pronto nos enteramos que lo que estaba balbuceando el
comerciantes es que el logro su fortuna gracias un préstamo que le realizo
Tomas Evans hace unos 10 años. Y que ahora su hijo Jorgen Evans, que se
encuentra en una situación precaria debe hacer teatro para sobrevivir puesto
que no puede cobrarle el préstamo debido a que perdió el pagaré que le
reclamaba el viejo comerciante.
Seguido a esto entra el joven a la tienda y le compra un viejo
armario al comerciante que este le compro a la familia Merrywood los cuales
decían que estuvo en la familia dos siglos. El joven se lo compro sin regatear
pero le puso como condición que se lo libre a su tía ese mismo día y que no le
quite su contenido.
El comerciante acepto y fue
esa misma noche a librar el armario a la dirección que le dio el joven donde
una señor de edad le recibió el pedido y le dio unas monedas de propina.
Tarde en la noche una joven toco a la tienda del comercio y le
pedio comprarle el armario pero este le respondió
que ya lo había vendido. Esta última le dijo que el granjero Merrywood escondió
unos billetes de banco de mil libras, en el armario y que se lo recuperaba
estaba dispuesta a repartir el dinero. El señor Benson fue al día siguiente al
amanecer a recuperar el armario, a cambio de una bolsa de oro. Cuando llego de
vuelta a la tienda, abrió el armario en la parte que la señorita le dijo que se
escondían los billetes y lo único que encontró fue una letra que decía, Recibi:
Jorgen Evans.
Luego nos enteramos que
todo fue un plan ejecutado por el hijo de Tomas Evans que utilizo su talento de
actor para vengarse del señor Benson y recuperar el dinero que le presto su
padre hace muchos años.
Con este cuento Dickens nos
deja dos enseñas en mi opinión, la primera que como bien dice el título de este
artículo ser avaro a veces sale caro y la segunda es que hay que agradecer a
quienes nos tendieron la mano en un inicio, ser leales y respectar los
acuerdos. Porque si tú te niegas a respetar un acuerdo recuerda que tu
contraparte encontrara la manera de hacerté pagar.
Entonces desde un punto de vista de la RSE lo que tienen las
empresas con la población es un contrato social en donde la población deja que utilicen
los recursos para que después estas puedan vendérselos en productos
transformados. Pero también podemos decir que las empresas tienen cierta
responsabilidad de ayudar al bien estar de la población. En los casos que las
empresas no cumplen con ese contrato, creo yo que la población está en todo su
derecho de reclamar y hacer justicia, así como lo hizo el joven con el
comerciante.
P.D: Acá les dejo el link del cuento de Charles Dickens, si lo
leen cuénteme que les pareció y si les pareció bien que el joven Jorgen Evans
encuentre la manera de vengarse del viejo comerciante.
Link del cuento: http://www.cuentoscortos.com/cuentos-clasicos/el-armario-viejo



Concuerdo con tu punto de vista. Yo creo que de hecho las empresas tienen la responsabilidad de ayudar a la población en donde ellos están ubicados. Esto no ayudaría solo a la población, sino ellos también se sentirían bien y ayudarían a que la empresa se pueda mantener en la población, sin problemas.
RépondreSupprimerSi, un climat de bien estar siempre beneficiara tanto a la empresa como a la poblacion. Es un Win to Win
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